La delincuencia crece en forma exponencial en Colombia, sobre todo en las ciudades. Los homicidios, atracos y el terrorismo están a la orden del día. Cuando esos fenómenos aparecen, deben mirarse los signos sociales para ver qué está pasando, en particular el empleo.
El principal problema del país y del mundo, es la recesión económica y el consecuente paro. La desesperación del desempleo genera comportamientos delincuenciales.
No obstante, esos signos de inseguridad palidecen al lado de otras manifestaciones de violencia aberrantes. Ninguna sociedad del mundo podría concebir escenario más horrendo y repugnante que el denominado con el eufemismo de "falsos positivos".
Los episodios conocidos el año pasado pusieron los pelos de punta a la comunidad internacional y a muchos colombianos, pero el país pasó de agache. Incluso, hubo quienes declararon al Ministro de Defensa "personaje del año", como si se hubiese perdido el sentido de la ética y la capacidad de asombrarse.
Según se sabe, miembros de la fuerza pública colombiana aliados con otros delincuentes se dedicaron, no se sabe desde hace cuánto tiempo, a recoger jóvenes en las calles de los poblados y en los campos, llevarlos en pocas horas a lugares distantes y asesinarlos en estado de indefensión con disparos de fusil hechos a quemarropa.
Luego vistieron los cadáveres con prendas de guerrilleros, los entregaron a sus superiores como si fuesen trofeos de guerra obtenidos en combate, cobraron recompensas y los desaparecieron. Poco a poco se están encontrando en fosas comunes esparcidas por el país. Esta semana aparecieron en Boyacá y en Arauca. Se sabe de más de mil casos probados, pero se presume que la cifra es más escalofriante aún.
En cualquier país civilizado, ante estos hechos monstruosos, se caería el gobierno.
¿Cómo puede denominarse y calificarse este cuadro macabro? ¿Terrorismo desde el Estado? ¿Degeneración? No sé. Desde el punto de vista de Colombia, de los colombianos del común, es una tragedia. Vivimos en extrema inseguridad.
Los homicidas eran o son miembros de las Fuerzas Armadas de Colombia, dotados, uniformados, entrenados y armados por el Estado con dinero de los contribuyentes y en nombre de la Constitución, para "proteger la vida, honra y bienes de las personas". Terminaron dando vuelta y yéndose en contra de la sociedad, de compatriotas inocentes e indefensos para masacrarlos y lucrarse de su acción monstruosa, cobrando recompensas al propio erario.
¿Quién puede sentirse seguro así? ¿En quién se puede confiar? ¿Quién puede creer en esta seguridad?
El Presidente Uribe presiona a la fuerza pública desde el primer día de sus gobiernos reclamándole "resultados". Les ha dado a entender que el gobierno tiene un fin y que no importan los medios. De hecho, recompensa a secuestradores y asesinos con miles de millones de pesos, incluso los instala en París.
La ciudadanía debe meditar acerca de lo que esto significa y las consecuencias que tiene para la nación. Acerca de la descomposición de las instituciones y los riesgos que implica seguir por el mismo camino. A quien le parezca preocupante el tipo de país que se está moldeando y que podrían recibir sus hijos, le corresponde impulsar el cambio.
no quiero decir con esto que hay que tumbar a uribe, pero en este caso debe haber responsables, y en el momento no los hay, solo se retiraron unos oficiales y unos militares, pero no hay condenados y el estado se esta haciendo el pase de agache.
pongamonos las pilas, esto paso en elgunos lugares humildes y marginados de bogota, Dios no quiera que ocurra en nuestro bello puerto, que es un sitio vulnerable para estos tipos de hechos.
Feb 11
5:34 AM